SUBAMETRALLADORA ROSA

 La compuse como un homenaje a mi guitarra, de la que me gustaría sacar una foto aquí. No fue mi primera guitarra y he contado que casi se la robé a un costeño que se llamaba Miguel Rey. En fin que después de mi guitarra mueca de apenas dos cuerdas, La y Mi bajas, conseguí comprarle todo el encordado aunque no lo entendía y con el tiempo me obsequiaron una guitarra electroacústica verde con estuche y método que no sonaba muy bien. Casi estrenando aquella, uno de mis alumnos me ofreció cambio por la guitarra roja de él que me acompañaría en mis primeras correrías en el mundo de los acústicos y el P.A.N. A ella le compuse el himno basado en mitologías y cuentos de hada por allá en el año de 1996: "Tengo en mis manos una subametralladora rosa, pienso destruir a todo el mundo con sus balas de color. Pienso dispararle a todo el mundo estén tranquilos salvaremos la cordura, el equilibrio y la equitatividad". Tengo en mis manos una subametralladora rosa. Dispara salvas, versos, flores, odios, miedos y agresividad. Ella hace de jurado, juez, verdugo, enamorado, mal nombrado, descarriado y de diosa de la ejecución". Exactamente eso hizo mi guitarra roja: convertir libros enteros a canciones, cantar poemas, musicalizar versos, acompañar protestas y elevar himnos de dolor y asco. No dejo ni un solo ídolo en pie. Fungió de poeta, de juez, de verdugo, de anacoreta y pintaba en todo el arcoiris pero prefería el negro y el rojo. "Tengo en mis manos la diatriba, el rayo de Zeus, la espada de Temis, la égida aún viva, el martillo de Thor, la hoja de Tarquino y quijada de un burro. Tengo el brazo impacable de una diosa, el puñal de Brutus, la garra de un tigre  pero no la rendición". Mitológicamente hablando esa guitarra llevaba la diatriba y actuaba como el escudo de Palas con la cabeza de Medusa, emulaba el rayo de Júpiter y el martillo del hijo de Odín, era la hoja igualitaria de Tarquino que segaba las cabezas que sobresalieran de la multitud, las garras del tigre y el puñal redentor de Brutus y Casius, lo que nunca tuvo mi guitarra fue espacio para el perdón y olvido. Nunca escribí canciones para perdonar o para disculpar, de ella no puede esperarse rendición. "Tengo en mis manos flores negras, Bakuntá prohibido, ríos del olvido no llegan aquí. Ella es el flegeton en llamas, Slid desbordado, Aquerón sin cauce pero no perdón". La analogía de las flores negras es clara, pero el Bakuntá lo inventó algún personaje mío que buscaba una poción de antídoto contra el poder del río Leteo, El Flegetonte es un río de fuego que rodea el Tártaro donde se queman lso criminales ya sesinos, el Slid era un río de cuchillos y espadas afiladas de la mitología Nórdica y el Aquerón, el río del llanto de las almas que hay que atravesar para entrar al inframundo y cuya barca está dirigida por Caronte. Todo ello representaba y representa mi guitarra roja que un día colgué y le dejé ese deber a otra guitarra de mejor confección. "Tengo en mis manos una subametralladora rosa, no hiere y no mata pero sí causa dolor. Dispara en pentagramas su carcaj de siete flechas, seis balas, seis gatillos pero no tiene silenciador". Aquí es donde el escucha cae en cuenta a quien se le dedica la canción y cual es la subametralladora rosa porque dfispara un carcaj de siete flechas que son las notas y seis gatillos o balas que son las cuerdas y nadie, nadie ha osado callarla. Aunque ha dicho suficiente. La canción termina en obvias porque: "Tengo en mis manos una subametralladora rosa".

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