M26 A/P

 Es una granada de mano muy común en algunas épocas. ¿Cómo no iba a darle un nombre así? cuenta cómo he vivido y cómo he fallado cada vez y se parece a otra que no he reseñado, aunque espero hacerlo: "Gabriel Unodetantos" la historia de mi vida. En esta planteo que después de tantos años de haber hecho lo mismo puedo darles una impresión de mi vida. Ya que fui capaz de aguantarme esta vida voy a contarte cómo lo hice. Seguramente algunos observarán que es falso y que a mi edad aún me falta mucho para poder dar esa opinión, pero yo la doy en todo caso: perseguí la libertad y nunca la encontré corroborado en Puerto Libertad. Hice todo lo que quise y nunca me arrepentí aunque en verdad hice lo que pude y siempre que pude desprecié el poder y aborrecí la sumisión. No me quedé callado, lo que me acarreó inquinas de grupos, de sociedades y de personas independientes. No jugué el juego que me tocó, me rebelé contra el amor y contra el dolor, hice trampas y dije mentiras y algún alguien me atrapó. Humano he sido y he despreciado las lides del amor y del dolor. No me justifico santo y algunos me han dicho: mentiste y sí, como todo ser vivo, mentir es una forma de supervivencia y la he usado. No me escondí, grité Yo y el que me buscó encontró. La dibujé, la coloree. Aunque de un solo color. El viejo adagio infantil que dice "píntela que yo la coloreo" para responder una riña porque el que me busca encuentra y, lanza la primera piedra que tengo muchas recogidas para devolverte. A la segunda estrofa que vuelvo a contar qué porque he sido capaz de aguantarme puedo decirte exactamente como lo hice le sigue: Abandoné la religión, al cura nunca le creí. Cierto es. El cura ya de por sí me parece una figura infantil con su sotana y estola, con su clergyman y su casulla, pero los chamanes, brujos, hechiceros, rezanderos, sobadores y ungidos me apestan siempre y los rehuyo. He decidido caminar porque el bar no es mi estación. No me gustan los bares y sí, muchas veces toco en ellos pero me apesta que la banda sonora la escojan ellos, que el ruido no deje conversar y que te cobren descorche o precios insanos por un licor que en la calle ya lo tiene. Nunca voté, nunca elegí, en mi mundo mando yo. Me mando a mí, a nadie más, bien simple y liberal. Es verdad que jamás he ejercido el voto. Nunca he votado porque escuché a Arenas Betancur Untarse el dedo es patrocinar la vagabundería que predica en "El Arenal".  Fue uno de mis chicos que pasaba por la casa y al verme trabajando solo, soldando y sosteniendo una puerta blindada que fabricaba, me ofreció su ayuda. Yo la rechacé y justo pensé que en mi mundo mando yo porque sólo existo yo. Si me hiero es a mí y si me falta una herramienta yo soy mi ayudante, mi cocinero y mi modisto. Bastante simple y bastante liberal. Al final con estribillos repetidos puedo terminar la historia diciendo: Aunque escuché otra opinión, bien poco me importó. Sea claro, las opiniones de los demás me valen ocho adarmes y un escrúpulo, casi siempre tan simples y tontas o tan amalgamadas con la religión y las creencias. Y sigo aquí, un día no, no te importe mi dolor. Claro, un día he de morirme y tú opinión me va a importar menos. Mi dolor lo cargo conmigo y conmigo me lo llevo.

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