FRIGIO
De esas cosas que siempre quise hacer una canción tipo Larralde o Cabral donde poetizan el mensaje y me sumergí en ese campo donde vivo y en los problemas a mi alrededor para vaciar en un arpegio sencillo toda la historia que sigue: Si pudiéramos escoger nuestros vecinos preferiríamos no tenerlos. Sólo tratar con gente ya es una desgracia. En el tambo no me estorba para pensar el gorjeo del percal, ni el susurro del viento ni el canto de la guacharaca. ¡Cómo si tuviera en qué pensar! Por más que le doy vueltas no encuentro razones para que unos tengan derecho a hollar más que los demás y a que el señor es señor porque cercó la tierra que no le pertenece y divide el fruto de ella otorgándose la mayoría si haber tocado azadera o recatón. No entiendo el gobierno que dicen que existe pero que por estos lados no se reporta sino a recaudar y a poner multas: al que levantó su rancho al borde de la cañada con tres guaduas y unas rastras de palma que porque la tierra tiene dueños y el agua dolientes. ¡Invasión! dicen, cuando el campesino ha vivido en estas tierras desde que lo parió su madre. Que un señor Colón reclamó estas tierras poniendo una bandera que a según ellos vale más que un rancho y que nos impuso una madre más allá del agua y de la que tuvimos que adoptar la historia, el cristo y el hablao. ¿Y a ese Cristo qué me le untan? que es hijo de Dios y Dios e hijo y hasta paloma y con ese solo nos quitarona Inti, Xué, Chía y Pachamama. Bachue, Bochica y hasta a el gran señor de las parderas del cielo. Y por acá sólo vimos curas en sotána amenzazando con excomunión e infierno. Los primeros para mantenernos mansos y el segundo para mantenernos salvos. Aunque esperar el paraíso por sufrir en la tierra es la esperanza de los rebaños conducidos por el embudo al matadero. ¿Qué ha jecho la religión pr nosotros? ¡Domarnos! Aparte de pregonar que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos. Cierto o no, no necesitaban estrujarse tanto, ¡ya viven en él! En la grabación oroginal dije que introducir esta introducción era redundante. Explicar la letra también parece serlo. El poeta dice lo que tiene que decir y está tan claro su dolor que no requiere explicaciones y la argumentación la tiene clara. Lo que el arriero siente lo pone de manifiesto y no necesita apologías ni censuras. No requiere aprobación ni manifiestos. Es lo que es.
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