EN LA CASA DEL SEÑOR

 Aqui no se mueve nadie fue el primer trabajo "oficial" por así decirlo, de G.P. Yo escogí las canciones que en él irián y allí puse especial empeño en que esta canción se publicara, que está basada en la canción tradicional infantil "Sobre el puente de Avignon" una ronda que debí escuchar mucho en mi niñez, aunque juraba que decía "En el puente de Avignon". Transformarla en: "En la casa del señor todos comen todos beben. En la casa del señor todos comen y beben bien" no fue tan complejo ni tan inteligente. Para que decir que en verdad hago alusión a en la casa del señor, del señor Jesús o del señor dios porque se ven esos principados, esos castillos y esas casas curales hechas sin pudor ni remordimiento con los ranchitos que le rodean. La casta religiosa que es una lacra se lucra con el dinero de diezmos y recaudaciones. Comen y beben muy bien, por eso el coro dice: "quédate así, así en la miseria, quédate así, así en la ignorancia, quédate así, así sin protestar, quédate así, que así le gusta a él". No tengo que explicar que la ausencia de rebeldía es el sumum de la religión y que se predica el poner la otra mejilla, el sacrficarse para entrar al cielo, en ser humildes y sumisos y que, claro, eso es lo que gusta a los terratenientes y a los curas, al presbítero y al papa. Muy elocuente si me dejan decirlo. Continuo: "ellos trabajan todo el día en los campos de cultivo, se matan por conseguir el pan que comen sus hijos. Hay otros ahí en las calles con el hambre hasta el cuello y en la casa del señor todos comen y beben bien". Me tocaba recalcar que aquellos que cosechan y los que no tienen nada son los más acérrimos seguidores de los palitos cruzados y sus más fervientes defensores y contrasto que mientras unos se mueren de hambre y trabajan como perros los otros comen y beben bien. Termina la canción infantil con letra para adultos: "ya sabes lo que te piden y ellos lo que te dan nunca dejes de pensar que ellos comen y beben bien". Los invité a rebelarse, les dije como les mentían y como se parovechaban de ellos: hey tú, allá mira, escúchame hermano, te asaltan, te roban de frente, te mienten, se aprovechan de tu miedo mientras ellos viven su vida de sibaritas... nada pasó... yo también prediqué en el desierto. Hombre esta canción la compuse muy temprano en mi vida y no deja de ser fruto de la observación de las riquezas de los curas. En Aranjuez había una que se llamaba San cayetano de casi una manzana y en el parque San Nicolás un desperdicio de lujos. San Isidro y la iglesia Palermo en menos de tres manzanas. Llenas de lujo y de santos cubiertos de seda. Les parecerá raro que yo odie tanto la religión y a los religiosos por capullos, pero así es. En un rapto de ironía siempre empecé esta canción con la introducción de la misa y con tono de iglesia: Quién cree en ti señor... no morirá para siempre.

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