AMADO Y MARCELO

 El deseo consistía en llegar con libros donde no pude llegar con música. Casi estoy seguro que el 99% de mis lectores son los que alguna vez me han escuchado, es decir, ocho personas. Justo esta canción fue una historia que me contaron mis padres sobre el ascenso de la guardia armada en un pueblico del oriente antioqueño donde ellos nacieron. Nunca me contaron la gran historia en una sentada sino que iba yo sacándoles partes en alguna pregunta y con el tiempo logré llegar a esta conclusión que: "en el año del señor de 1912, en un pueblo del sur con ciento dieciocho habitantes, el consejo decidió paz y orden ofrecer, buscaremos policías de buen moral de buen juicio, con impuestos entrepuestos sus salarios pagaremos y de control les daremos bolillos inofensivos". Quede claro que el pueblito está en el oriente pero me pareció más sonoro "sur". El pueblo se llama Alejandría, junto a La concha y San Vicente Ferrer y allí estuve buscando datos y recogiendo firmas. Por allá me enteré que mi abuela era una zunga y que el padre de mi padre era de apellido Ríos. Justo un señor Jesús Ríos que me presentaron alguna vez como mi padrino de bautizo. Tal pueblo era como todos los pueblos: una plaza, un parque un hospital, una iglesia gigante y la alcaldía. Tal cúal lo menciona Camüs si no estoy mal. Mis padres contaban que aquellos primeros dos policías pertencían al partido conservador dominante en la región y que les dieron un salario y dos palos para que amedrentaran a la gente a votar por el partido azul, patrullaran en la noche espantando niños y malvividores, le abrieran la cabeza a algunos borrachines y peleadores y como no, me los imaginaba yo, amenzazando con sus macanas improvisadas con madera de Algarrobo o Caracolí mientras intimidantemente golpeban la mano menos diestra con el bolillo y miraban con el ceño fruncido. De la fuente supe que abusaban de su poder de policias auspiciados por su comandante en jefe que habría de ser el alcalde. "Amado y Marcelo de buen moral de buen juicio, reclutados del civil pro no haber más ofrecidos. con bolillos en las manos todo el pueblo reordenaron. 36 ciudadanos en la cárcel han metido por no obedecer la ley, cuatro por no haber mordido, a todos los indigentes y al que protestó dormido". Ya aquí yo volví al presente que en un pueblo no hay indigentes como los conocemos hoy, pero seguro si recibían alguna moneda de cinco centavos para dejar en paz a alguno o como premio por no acusar al que dejó el cagajón de caballo junto a la sacristía. Mi cabeza se dejó llevar y continué haciéndolos encarcelar a todo el pueblo: "Doce por herejes, ocho por judíos, cinco por mal vestir y uno más por atrevido. Prostitutas por montón, decían, tres han recogido". Cuando erstamos estos del total del pueblo, se nota que no quedó sino la gente de bien y termina el verso: protegido en paz y en orden y este pueblo desolado, eso fue lo que dejaron los agentes inofensivos no oyerone esta canción pero ya la han criticado". No hay predicción posible. Así son hoy los agentes del orden y la ley y como cada banda necesitaba una canción antipolicial, yo me uní contando la historia de Amado y Marcelo, que, obvio, debieron morir hace mucho tiempo, pero ese desafío final es porque la gente escuchaba la canción y no comprendían el leitmotiv que unía la canción a las canciones antipoliciales, sin decir lo que las demás decían y que era la misma gente que me escuchaba la que me criticaba sin entender. Pobrecilla canción, fue compuesta en una época donde contar una historia no tenía mucho valor. Y ahora ustedes comprenden, era un tema literario, un cuento corto sin moraleja que saltó del habla a la canción y hoy vuelve a donde pertenece, la literatura.

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